¿A quién se le olvidó que criamos/creamos Seres Humanos? (Una petición de post natal por un año para


Tengo un poco la garganta apretada, sí, y es porque siento un poco de angustia y pena de que en cualquier momento mi pequeña puede comenzar a llorar otra vez, por su dolor de guatita, por su incomodidad, porque puede llenarse de granitos e irritarse su piel otra vez...


Y la verdad es que también siento un poco de vergüenza de escribir esto cuando hay tantos pequeños que están sufriendo más por otras enfermedades “complejas o más terribles” que no tienen vuelta atrás, o bien por la realidad que a otros niños les ha tocado vivir, como ser dado en adopción en una situación de desamor, estar en un hogar en donde han sido abusados, y/o están viviendo una situación bastante más adversa que la de mi pequeña...


Me cuestiono si seguir escribiendo o no justamente por eso, porque siento que he sido bendecida con una hija maravillosa, que en el promedio del tiempo está bien, está sana, y de verdad no tengo nada de qué quejarme...


Aún así, una parte de mí decide continuar, una parte más compasiva conmigo, una parte que a pesar de ver lo afortunada que soy, me dice: hay muchas otras familias que deben estar pasando lo mismo que tú, y puede que esta carta les sirva, pues desde el amor todo tiene un lugar...


Mi nombre es Alondra Amigo, Soy mamá de Macarena Alma, quien ya tiene 6 meses en esta Tierra. Maquita es una niña que en términos de “indicadores” está en perfectas condiciones, está bien, es sana y crece exitosamente. Sin embargo, desde los 20 días de nacida, sus cólicos, llanto, dolor, alergia en su piel, comenzaron a hacerse intensos diariamente, a lo que muchos me dijeron que esta situación era bastante normal.


Tuve la suerte de conversar con una vecina que me dijo que mi hija podía tener ciertas intolerancias alimentarias, y que sacara ciertos alimentos de mi dieta, pues estos podían estar haciéndole daño y generar ese dolor intenso y ronchas en su piel. Así lo hice, dejé de comer lácteos, gluten, huevo, frutos secos, mariscos y otros alimentos que podían provocar alergia, y Maquita mejoró de una manera impresionante, su dolor bajó, su piel mejoró, su estado de ánimo era diferente.


Comencé haciendo esto gracias al consejo de mi vecina, y solo a probar, a intentar con ensayo y error a través de mi alimentación, de manera que mi leche fuese apta para ella.


Fue ahí cuando el “querer hacer las cosas bien” me comenzó a pasar la cuenta, pues fui a diversos pediatras para contarles lo que me pasaba con mi hija, algunos de ellos me dijeron que era imposible lo que yo les contaba, porque lo que yo comía no afectaba a mi hija directamente, otros me dijeron que quería inventarle una enfermedad seguramente porque “todas las mamás creían que sus hijos eran especiales” (esto me lo dijo un doctor al ver que ella no tenía síntomas en ese minuto) y claro, ¿cómo podría tenerlos si yo prácticamente no comía nada que probablemente pudiese afectarle durante 2 meses?; aún explicándoles el por qué yo llevaba la dieta y los síntomas que ella tenía cuando volvía a comer normal, me dijeron que no creían que le ocurriese algo, así que volviera a mi rutina y cuando realmente estuviera enferma la llevara...


Nuevamente introduje ciertos alimentos, y por supuesto mi hija empeoró, comenzó a dormir mal, a tener cólicos, dolores y llanto que duraba aproximadamente entre las 3 de la tarde y las 10 de la noche, sufrimiento constante, manchas en la piel, etc...


Desde ese minuto, ha sido un comenzar y comenzar y comenzar, ya que ha significado buscar un pediatra diferente en cada nuevo intento, un especialista que me crea, alguien que valide lo que estamos viviendo, eso junto con probar un alimento cada semana, cambiarlo, introducirlo, sacarlo, etc... Ha sido cansador e impotente.


Un Doctor me dijo: ¡Fácil! Dale relleno y te evitas el problema de dejar de comer esto o aquello y así todos felices...

Me sorprende la simpleza con que a veces algunos profesionales dan consejos, siento que al parecer se olvidan de que somos Seres Humanos “sufrientes” en el minuto en el que vamos a visitarlos.

A pesar de lo que me dijo ese Doctor, yo no estoy dispuesta a soltar la lactancia materna por “hacerlo simple” para mí, más aún comprendiendo todos los beneficios que ésta tiene para el desarrollo de nuestros hijos.


Hasta aquí, me imagino que pensará que le escribo porque quiero hablar de la enfermedad de ella (intolerancias alimentarias), condición que al parecer está más presente hoy en Chile y que en muchas familias está siendo un tema importante a resolver, no solo por el cansancio, costo y/o sufrimiento de los pequeños, sino que también porque muchas licencias no son aceptadas, no es una enfermedad que validen todos los doctores, y más aún te sientes cuestionado todo el tiempo, tratando de demostrar que el “dolor de tu hijo(a)” no es inventado, al cual haces pasar por estados de sufrimiento intencionado para poder descartar y/o demostrar en un examen que efectivamente tiene una intolerancia o alergia alimentaria. Como Padre o Madre te acostumbras a entrar y salir del dolor, pero también te atemoriza que la próxima decisión de lo que decidas darle de comer le provoque más dolor, es sencillamente: Agotador y Triste.


Aún así, con todo lo anterior, mis ganas de escribirle no tiene que ver con la “enfermedad”, más bien tienen que ver con la “Salud”, con la “Prevención”, con el cuidado de pequeños que un día, más adelante, serán los adultos de esta sociedad. Mi carta tiene que ver con la contención, espacio y presencia que le estamos dando a seres indefensos, que en su niñez se ven profundamente influenciados en el cómo serán en un futuro. Mi carta tiene que ver con la opción v/s la obligación, con lo importante y con el “Deber Ser”, con el Sentido a la Vida y con el Compromiso de cuidarla. En este caso en particular, con el tiempo que estamos dedicando como padres, sobretodo en el momento donde son más vulnerables: su primer año de vida.



Si yo no hubiese tenido a mi hija con este escenario, lo más probable es que hubiese estado conectada con el ser mamá, pero pensando en quién la cuidaría cuando yo volviese a trabajar, en los proyectos futuros, en el “hacer”, en ese “Deber Ser” después de 6 meses en el cuál debes volver a tu rutina como si nada hubiese pasado.

Sin embargo, gracias a ella pude conectarme con la importancia de estar presente, a diario, atenta a sus cambios, consciente de lo que estoy haciendo, de cómo me estoy alimentando, de mi respiración y de mis emociones, pues todo, todo influye en ella.


Por supuesto no espero que todas las personas quieran u opinen lo mismo que yo, quizás muchas mamás o papás lo único que quieren es regresar a sus trabajos, porque es estresante también el cambio de rutina que tiene la vida de un padre. Por lo mismo puedo comprender que muchos consideren un post natal de 6 meses suficiente o quizás deseen menor tiempo, sin embargo, si realmente miramos a este Ser que trajimos al mundo me pregunto: ¿Realmente está preparado para que otro lo cuide?, ¿realmente es sano que con menos de 1 año lo pongamos en alguna sala cuna o dejemos que otra persona se haga cargo de sus necesidades básicas?


Sinceramente miro a los ojos a mi hija, y no podría dejarla en este minuto por un tiempo prolongado en la semana, no hablo de que no podamos hacer nuestras cosas, hablo de dejarla ya sistemáticamente, de volver al trabajo como si “eso” fuese lo más importante.


Es por esto que a través de mis palabras deseo transmitirle y pedirle a Usted Señor Presidente, que evalúe la posibilidad de otorgar un Post Natal de 1 año para la madre, como el mínimo requerido para criar y resguardar la seguridad, apego, afectos, desarrollo físico-psicológico y emocional de un nuevo Ser.

A su vez, le pido contemplar tres meses en paralelo para el padre, resguardando también el espacio de apego que es necesario en la relación Padre-Hijo, reconociendo el soporte que éste puede entregar a su familia tanto como apoyo emocional y práctico mientras ocurre la adaptación familiar.


Me imagino varios: ¡¿Qué?! ... de aquellas personas que puedan leerme y pensar que es mucho, o es un abuso, o que es insostenible para el “sistema”. Pero la verdad es que he pensado tanto en ello, y sólo veo los beneficios de que un post natal sea por un período de 1 año, pues si realmente hablamos de humanidad, no puedo comprender que partamos criando y creando a Seres Humanos con atención “exclusiva” sólo por 6 meses.


Es increíble como dedicamos tanto tiempo a estudiar en el colegio, universidad, a veces un postgrado, una especialización, busquemos el éxito en algún trabajo o en alguna posición laboral importante y no percibamos la importancia del tiempo en criar a un hijo “exclusivamente” al menos durante su primer año. ¿Qué tiene que ver lo anterior con cuidar a tu hijo(a) durante un año? ¡Muchísimo! pues todo lo que ocurre en ese año tiene un impacto en la vida, en el Ser, en la seguridad del individuo, en las emociones, en su desarrollo.


Ahora bien, incluso si lo veo más superficialmente, podría decir: ¿Por qué somos capaces de invertir en algo con tiempo y dinero que podría generar algún retorno pero no somos capaces de invertir “tiempo” y “presencia” en un Ser absolutamente indefenso que requiere de todos nuestros cuidados en esa etapa para sobrevivir y que además “es lo más importante para nosotros”?, ¿hay alguna incoherencia de nosotros los adultos o nos acostumbramos a que el dar a luz sea parte de una producción más, con un estándar establecido, y por ende se convierte en un proceso que tiene que ser lo más funcional posible? A veces me asusto con la simpleza y poca conciencia que existe en general, en todos los dominios o personas (doctores, educación, padres, etc.), al hablar de un niño al que “hay” que enseñarle lo más pronto posible del desapego para “que se comporte lo antes posible” como un adulto, ¿O no es eso pedirle a un niño de 6 meses que se acostumbre a estar sin su mamá en el día y que no llore por eso?


Revisando como esto se llevaba a cabo en otros lugares del mundo, encontré que Noruega y Reino Unido ofrecen 315 días de licencia por maternidad; Suecia 240 días; Montenegro, Bosnia y Albania ofrecen 365 días de licencia; mientras que Croacia ofrece 410 días. Eso con respecto al permiso de la mamá.


Mientras que con respecto al padre, encontré que también hay países que consideran un período significativo para ellos, como Islandia y Eslovenia que proporcionan 90 días; Suecia, 70 días; y Finlandia 54.


Más aún me sorprendí cuando leí que Netflix garantiza a sus empleados 1 año de postnatal independiente de si son hombres o mujeres, desafiando todos los pensamientos tradicionales que podrían plantear algunas empresas sobre si esto es realmente posible, e incentivando la igualdad en todos los sentidos.

En ese minuto dije: ¡No estoy tan loca con mi petición!


Por supuesto que hay países que tienen menos días de post natal que nosotros, pero es como todo en la vida, te puedes comparar dependiendo de qué es lo que quieres lograr, y supongo que como Sociedad queremos lograr un lugar más seguro, humano, con mejores indicadores en calidad de vida, por ende, nos deberíamos comparar con países más desarrollados en ese aspecto.


Hay varias aristas que he estado leyendo, reflexionando, fundamentando y comprendiendo para poder profundizar en mi pedido, y he escogido las que creo son más importantes e integrales en mi planteamiento del por qué creo es “Vital” un post natal de 1 año para Madres y 3 meses mínimo para Padres.


Son las siguientes:


1. Lactancia - Beneficios para el Bebé y la Mamá:


La Organización Mundial de la Salud recomienda amamantar 6 meses como mínimo, aconsejando mantener el máximo tiempo posible, indicando que lo ideal es no abandonar la lactancia materna hasta los 2 años.


Si tomamos sólo el “mínimo” estaríamos cumpliendo con lo que nos aconsejan, pero, ¿Cómo es posible mantener la lactancia por más tiempo si es la recurrencia de amamantar la que mantiene este proceso?


Por ejemplo, hace un tiempo quise probar el volver a trabajar dictando un taller por un día completo, dejé a mi hija al cuidado de su Padre (confío plenamente en él) y me encontré con el dolor de mis senos en cierto horario porque mis pechos comenzaban a llenarse de leche. ¿Qué tuve que hacer? Tuve que pedir a los asistentes que me dieran el permiso para un break más largo, pues necesitaba extraerme leche. En ese momento me dirigí a un baño (el más cómodo que encontré) porque en la mayoría de los recintos no existe un lugar adecuado para ello. Me senté literalmente en la taza de un baño mientras colocaba el extractor en mí, y me preguntaba: ¿Cuál es el sentido de que me extraiga leche aquí pudiendo estar con mi hija en ese minuto dándole más que un alimento, dándole afecto y contención?, ¿cuál es el sentido de acumular leche en un frasco, tener que andar con las botellas, sacarme del proceso que el mismo cuerpo sabe es natural, y hacerlo de manera “efectiva” para entregárselo a otra persona que se lo dé a nuestros hijos en casa o en una sala cuna?


No hablo de la efectividad de sacarse leche, porque podemos hacerlo y también es “efectivo” que nuestros hijos tendrán alimento pero, ¿Es sólo esa la importancia de la lactancia?, ¿qué hay del contexto?, ¿qué hay del afecto?, ¿qué hay de la conexión?, ¿qué hay de lo que transmitimos al amamantar? Y en ese mismo sentido, si hablamos de efectividad: ¿Es efectivo que nuestro cuerpo y mente esté en otro lugar mientras trabajamos? Porque sinceramente por muy profesionales que seamos, hay un tema físico, biológico que no podemos desconocer, es nuestro cuerpo el que dice cada cierto tiempo ¡debes parar!, es necesario que lo hagas porque o sino se genera un dolor inmenso y además, naturalmente si no te extraes, el cuerpo comienza a reducir la producción, porque no lo necesitas, y entonces; ¿Cómo mantendrás la lactancia hasta los dos años que es el ideal?


He sido testigo de que muchas mujeres después de los 6 meses dejan de dar leche por temas de