¿A quién se le olvidó que criamos/creamos Seres Humanos? (Una petición de post natal por un año para


Tengo un poco la garganta apretada, sí, y es porque siento un poco de angustia y pena de que en cualquier momento mi pequeña puede comenzar a llorar otra vez, por su dolor de guatita, por su incomodidad, porque puede llenarse de granitos e irritarse su piel otra vez...


Y la verdad es que también siento un poco de vergüenza de escribir esto cuando hay tantos pequeños que están sufriendo más por otras enfermedades “complejas o más terribles” que no tienen vuelta atrás, o bien por la realidad que a otros niños les ha tocado vivir, como ser dado en adopción en una situación de desamor, estar en un hogar en donde han sido abusados, y/o están viviendo una situación bastante más adversa que la de mi pequeña...


Me cuestiono si seguir escribiendo o no justamente por eso, porque siento que he sido bendecida con una hija maravillosa, que en el promedio del tiempo está bien, está sana, y de verdad no tengo nada de qué quejarme...


Aún así, una parte de mí decide continuar, una parte más compasiva conmigo, una parte que a pesar de ver lo afortunada que soy, me dice: hay muchas otras familias que deben estar pasando lo mismo que tú, y puede que esta carta les sirva, pues desde el amor todo tiene un lugar...


Mi nombre es Alondra Amigo, Soy mamá de Macarena Alma, quien ya tiene 6 meses en esta Tierra. Maquita es una niña que en términos de “indicadores” está en perfectas condiciones, está bien, es sana y crece exitosamente. Sin embargo, desde los 20 días de nacida, sus cólicos, llanto, dolor, alergia en su piel, comenzaron a hacerse intensos diariamente, a lo que muchos me dijeron que esta situación era bastante normal.


Tuve la suerte de conversar con una vecina que me dijo que mi hija podía tener ciertas intolerancias alimentarias, y que sacara ciertos alimentos de mi dieta, pues estos podían estar haciéndole daño y generar ese dolor intenso y ronchas en su piel. Así lo hice, dejé de comer lácteos, gluten, huevo, frutos secos, mariscos y otros alimentos que podían provocar alergia, y Maquita mejoró de una manera impresionante, su dolor bajó, su piel mejoró, su estado de ánimo era diferente.


Comencé haciendo esto gracias al consejo de mi vecina, y solo a probar, a intentar con ensayo y error a través de mi alimentación, de manera que mi leche fuese apta para ella.


Fue ahí cuando el “querer hacer las cosas bien” me comenzó a pasar la cuenta, pues fui a diversos pediatras para contarles lo que me pasaba con mi hija, algunos de ellos me dijeron que era imposible lo que yo les contaba, porque lo que yo comía no afectaba a mi hija directamente, otros me dijeron que quería inventarle una enfermedad seguramente porque “todas las mamás creían que sus hijos eran especiales” (esto me lo dijo un doctor al ver que ella no tenía síntomas en ese minuto) y claro, ¿cómo podría tenerlos si yo prácticamente no comía nada que probablemente pudiese afectarle durante 2 meses?; aún explicándoles el por qué yo llevaba la dieta y los síntomas que ella tenía cuando volvía a comer normal, me dijeron que no creían que le ocurriese algo, así que volviera a mi rutina y cuando realmente estuviera enferma la llevara...


Nuevamente introduje ciertos alimentos, y por supuesto mi hija empeoró, comenzó a dormir mal, a tener cólicos, dolores y llanto que duraba aproximadamente entre las 3 de la tarde y las 10 de la noche, sufrimiento constante, manchas en la piel, etc...


Desde ese minuto, ha sido un comenzar y comenzar y comenzar, ya que ha significado buscar un pediatra diferente en cada nuevo intento, un especialista que me crea, alguien que valide lo que estamos viviendo, eso junto con probar un alimento cada semana, cambiarlo, introducirlo, sacarlo, etc... Ha sido cansador e impotente.


Un Doctor me dijo: ¡Fácil! Dale relleno y te evitas el problema de dejar de comer esto o aquello y así todos felices...

Me sorprende la simpleza con que a veces algunos profesionales dan consejos, siento que al parecer se olvidan de que somos Seres Humanos “sufrientes” en el minuto en el que vamos a visitarlos.

A pesar de lo que me dijo ese Doctor, yo no estoy dispuesta a soltar la lactancia materna por “hacerlo simple” para mí, más aún comprendiendo todos los beneficios que ésta tiene para el desarrollo de nuestros hijos.


Hasta aquí, me imagino que pensará que le escribo porque quiero hablar de la enfermedad de ella (intolerancias alimentarias), condición que al parecer está más presente hoy en Chile y que en muchas familias está siendo un tema importante a resolver, no solo por el cansancio, costo y/o sufrimiento de los pequeños, sino que también porque muchas licencias no son aceptadas, no es una enfermedad que validen todos los doctores, y más aún te sientes cuestionado todo el tiempo, tratando de demostrar que el “dolor de tu hijo(a)” no es inventado, al cual haces pasar por estados de sufrimiento intencionado para poder descartar y/o demostrar en un examen que efectivamente tiene una intolerancia o alergia alimentaria. Como Padre o Madre te acostumbras a entrar y salir del dolor, pero también te atemoriza que la próxima decisión de lo que decidas darle de comer le provoque más dolor, es sencillamente: Agotador y Triste.


Aún así, con todo lo anterior, mis ganas de escribirle no tiene que ver con la “enfermedad”, más bien tienen que ver con la “Salud”, con la “Prevención”, con el cuidado de pequeños que un día, más adelante, serán los adultos de esta sociedad. Mi carta tiene que ver con la contención, espacio y presencia que le estamos dando a seres indefensos, que en su niñez se ven profundamente influenciados en el cómo serán en un futuro. Mi carta tiene que ver con la opción v/s la obligación, con lo importante y con el “Deber Ser”, con el Sentido a la Vida y con el Compromiso de cuidarla. En este caso en particular, con el tiempo que estamos dedicando como padres, sobretodo en el momento donde son más vulnerables: su primer año de vida.



Si yo no hubiese tenido a mi hija con este escenario, lo más probable es que hubiese estado conectada con el ser mamá, pero pensando en quién la cuidaría cuando yo volviese a trabajar, en los proyectos futuros, en el “hacer”, en ese “Deber Ser” después de 6 meses en el cuál debes volver a tu rutina como si nada hubiese pasado.

Sin embargo, gracias a ella pude conectarme con la importancia de estar presente, a diario, atenta a sus cambios, consciente de lo que estoy haciendo, de cómo me estoy alimentando, de mi respiración y de mis emociones, pues todo, todo influye en ella.


Por supuesto no espero que todas las personas quieran u opinen lo mismo que yo, quizás muchas mamás o papás lo único que quieren es regresar a sus trabajos, porque es estresante también el cambio de rutina que tiene la vida de un padre. Por lo mismo puedo comprender que muchos consideren un post natal de 6 meses suficiente o quizás deseen menor tiempo, sin embargo, si realmente miramos a este Ser que trajimos al mundo me pregunto: ¿Realmente está preparado para que otro lo cuide?, ¿realmente es sano que con menos de 1 año lo pongamos en alguna sala cuna o dejemos que otra persona se haga cargo de sus necesidades básicas?


Sinceramente miro a los ojos a mi hija, y no podría dejarla en este minuto por un tiempo prolongado en la semana, no hablo de que no podamos hacer nuestras cosas, hablo de dejarla ya sistemáticamente, de volver al trabajo como si “eso” fuese lo más importante.


Es por esto que a través de mis palabras deseo transmitirle y pedirle a Usted Señor Presidente, que evalúe la posibilidad de otorgar un Post Natal de 1 año para la madre, como el mínimo requerido para criar y resguardar la seguridad, apego, afectos, desarrollo físico-psicológico y emocional de un nuevo Ser.

A su vez, le pido contemplar tres meses en paralelo para el padre, resguardando también el espacio de apego que es necesario en la relación Padre-Hijo, reconociendo el soporte que éste puede entregar a su familia tanto como apoyo emocional y práctico mientras ocurre la adaptación familiar.


Me imagino varios: ¡¿Qué?! ... de aquellas personas que puedan leerme y pensar que es mucho, o es un abuso, o que es insostenible para el “sistema”. Pero la verdad es que he pensado tanto en ello, y sólo veo los beneficios de que un post natal sea por un período de 1 año, pues si realmente hablamos de humanidad, no puedo comprender que partamos criando y creando a Seres Humanos con atención “exclusiva” sólo por 6 meses.


Es increíble como dedicamos tanto tiempo a estudiar en el colegio, universidad, a veces un postgrado, una especialización, busquemos el éxito en algún trabajo o en alguna posición laboral importante y no percibamos la importancia del tiempo en criar a un hijo “exclusivamente” al menos durante su primer año. ¿Qué tiene que ver lo anterior con cuidar a tu hijo(a) durante un año? ¡Muchísimo! pues todo lo que ocurre en ese año tiene un impacto en la vida, en el Ser, en la seguridad del individuo, en las emociones, en su desarrollo.


Ahora bien, incluso si lo veo más superficialmente, podría decir: ¿Por qué somos capaces de invertir en algo con tiempo y dinero que podría generar algún retorno pero no somos capaces de invertir “tiempo” y “presencia” en un Ser absolutamente indefenso que requiere de todos nuestros cuidados en esa etapa para sobrevivir y que además “es lo más importante para nosotros”?, ¿hay alguna incoherencia de nosotros los adultos o nos acostumbramos a que el dar a luz sea parte de una producción más, con un estándar establecido, y por ende se convierte en un proceso que tiene que ser lo más funcional posible? A veces me asusto con la simpleza y poca conciencia que existe en general, en todos los dominios o personas (doctores, educación, padres, etc.), al hablar de un niño al que “hay” que enseñarle lo más pronto posible del desapego para “que se comporte lo antes posible” como un adulto, ¿O no es eso pedirle a un niño de 6 meses que se acostumbre a estar sin su mamá en el día y que no llore por eso?


Revisando como esto se llevaba a cabo en otros lugares del mundo, encontré que Noruega y Reino Unido ofrecen 315 días de licencia por maternidad; Suecia 240 días; Montenegro, Bosnia y Albania ofrecen 365 días de licencia; mientras que Croacia ofrece 410 días. Eso con respecto al permiso de la mamá.


Mientras que con respecto al padre, encontré que también hay países que consideran un período significativo para ellos, como Islandia y Eslovenia que proporcionan 90 días; Suecia, 70 días; y Finlandia 54.


Más aún me sorprendí cuando leí que Netflix garantiza a sus empleados 1 año de postnatal independiente de si son hombres o mujeres, desafiando todos los pensamientos tradicionales que podrían plantear algunas empresas sobre si esto es realmente posible, e incentivando la igualdad en todos los sentidos.

En ese minuto dije: ¡No estoy tan loca con mi petición!


Por supuesto que hay países que tienen menos días de post natal que nosotros, pero es como todo en la vida, te puedes comparar dependiendo de qué es lo que quieres lograr, y supongo que como Sociedad queremos lograr un lugar más seguro, humano, con mejores indicadores en calidad de vida, por ende, nos deberíamos comparar con países más desarrollados en ese aspecto.


Hay varias aristas que he estado leyendo, reflexionando, fundamentando y comprendiendo para poder profundizar en mi pedido, y he escogido las que creo son más importantes e integrales en mi planteamiento del por qué creo es “Vital” un post natal de 1 año para Madres y 3 meses mínimo para Padres.


Son las siguientes:


1. Lactancia - Beneficios para el Bebé y la Mamá:


La Organización Mundial de la Salud recomienda amamantar 6 meses como mínimo, aconsejando mantener el máximo tiempo posible, indicando que lo ideal es no abandonar la lactancia materna hasta los 2 años.


Si tomamos sólo el “mínimo” estaríamos cumpliendo con lo que nos aconsejan, pero, ¿Cómo es posible mantener la lactancia por más tiempo si es la recurrencia de amamantar la que mantiene este proceso?


Por ejemplo, hace un tiempo quise probar el volver a trabajar dictando un taller por un día completo, dejé a mi hija al cuidado de su Padre (confío plenamente en él) y me encontré con el dolor de mis senos en cierto horario porque mis pechos comenzaban a llenarse de leche. ¿Qué tuve que hacer? Tuve que pedir a los asistentes que me dieran el permiso para un break más largo, pues necesitaba extraerme leche. En ese momento me dirigí a un baño (el más cómodo que encontré) porque en la mayoría de los recintos no existe un lugar adecuado para ello. Me senté literalmente en la taza de un baño mientras colocaba el extractor en mí, y me preguntaba: ¿Cuál es el sentido de que me extraiga leche aquí pudiendo estar con mi hija en ese minuto dándole más que un alimento, dándole afecto y contención?, ¿cuál es el sentido de acumular leche en un frasco, tener que andar con las botellas, sacarme del proceso que el mismo cuerpo sabe es natural, y hacerlo de manera “efectiva” para entregárselo a otra persona que se lo dé a nuestros hijos en casa o en una sala cuna?


No hablo de la efectividad de sacarse leche, porque podemos hacerlo y también es “efectivo” que nuestros hijos tendrán alimento pero, ¿Es sólo esa la importancia de la lactancia?, ¿qué hay del contexto?, ¿qué hay del afecto?, ¿qué hay de la conexión?, ¿qué hay de lo que transmitimos al amamantar? Y en ese mismo sentido, si hablamos de efectividad: ¿Es efectivo que nuestro cuerpo y mente esté en otro lugar mientras trabajamos? Porque sinceramente por muy profesionales que seamos, hay un tema físico, biológico que no podemos desconocer, es nuestro cuerpo el que dice cada cierto tiempo ¡debes parar!, es necesario que lo hagas porque o sino se genera un dolor inmenso y además, naturalmente si no te extraes, el cuerpo comienza a reducir la producción, porque no lo necesitas, y entonces; ¿Cómo mantendrás la lactancia hasta los dos años que es el ideal?


He sido testigo de que muchas mujeres después de los 6 meses dejan de dar leche por temas de comodidad, de que es más estresante y complejo llevar botellas, cooler, pedir permiso, buscar el lugar, tomarte el tiempo, etc. y termina el pediatra diciéndote “ten un relleno” o el plan B por si acaso se te acaba.


¿Por qué nuestra mentalidad se esfuerza por el mínimo y no por crear las condiciones para entregar lo mejor que podemos dar?, ¿qué coherencia tiene en nosotros decir: el ideal es amamantar dos años, pero anda a trabajar y vuelve a ser la misma de antes lo más pronto posible? Por ende el tener leche en el cuerpo se convierte en algo más incómodo que alentador.


En la página de la OMS hablan sobre una serie de beneficios sobre la lactancia, la inmunidad que le transferimos a nuestros hijos, sobre la disminución de la mortalidad infantil, cómo ayuda a prevenir enfermedades, mejora el desarrollo sensorial y cognitivo, más una serie de beneficios para el niño(a), además de mostrar los beneficios que tiene para la mujer reduciendo el riesgo, por ejemplo, de cáncer de ovario y mama. Adjunto el link específico de esto:

http://www.who.int/nutrition/topics/exclusive_breastfeeding/es/


Podría enumerar muchos de los beneficios que tiene la lactancia para el bebé y para la madre, pues es increíble todo lo que proporciona para ambos, no obstante si lo hiciera, esto dejaría de ser una carta y pasaría a ser una clase magistral de “beneficios de la lactancia materna”; como sé que existe la información, y como sé que está disponible para el acceso de todos, decido continuar con otros temas que creo también fundamentan un post-natal más largo.


¡Ah! No quiero olvidar por supuesto a las mujeres que por alguna razón consciente o inconsciente no hayan podido o querido amamantar. En este punto algunas mamás podrían decir: Yo no tengo leche materna, entonces ¿Para qué voy a estar un año si no es necesario? Y la verdad es que si bien la Leche Materna es indispensable, la lactancia en sí no solo involucra la leche que viene del pecho como alimento, sino que también involucra el espacio de apego que estás generando, la contención que le das, el olor, las hormonas que están en juego, las emociones que estás transmitiendo, incluso si le estás dando mamadera le estás enseñando muchísimo al tenerlo en tus brazos, y esa experiencia sí marca la diferencia para el niño(a) que va creciendo. Es una experiencia de Amor, que traspasa la alimentación nutricional.




2. Nutrición y Desarrollo:


Leía el otro día sobre la importancia de que un niño esté bien nutrido para su desarrollo y que en el primer año de vida la nutrición era “FUNDAMENTAL”, no sólo a nivel de alimentación porque “hay que comer”, sino que a nivel del desarrollo cerebral que se produce en esta etapa del niño(a), por lo que los nutrientes que le otorgamos tienen relación directa con el futuro de este Ser, no solo a nivel físico sino que también a nivel cognitivo.


No me gusta hablar tanto de “productividad” cuando quiero hablar del corazón, sin embargo está comprobado que la desnutrición tiene que ver con la productividad y desarrollo de un país, y esto justamente tiene que ver con el desarrollo cerebral alcanzado por estos bebés que después son adultos.


El Doctor Fernando Monckeberg (Premio Nacional de Ciencias el año 1998) indicaba dentro de sus estudios la importancia de cuidar el cerebro, de alimentarlo adecuadamente, estimularlo y luego recién educar. De hecho resalta la importancia de que el cerebro crece el primer año de vida como nunca más en la vida lo llega a hacer, por estas razones su esfuerzo en erradicar la desnutrición, ayudando con estas intervenciones al progreso de Chile.

Por supuesto que estoy diciendo de manera muy simplista todo el trabajo que el Doctor aportó en este sentido, y es solo para no perderme del foco principal que es: “Comprender la importancia de estar presentes como padres el primer año de vida de nuestros hijos”.

Justamente tomando sus palabras y comprendiendo la importancia de la alimentación y el desarrollo del primer año de vida, insisto; ¿Por qué querríamos delegar esa tarea en otros si es tan importante?


Nuevamente estamos hablando del alimento, pero aquí ya no hablo de la leche materna exclusivamente, hablo de la acción de nutrir, cuando ya comienzas a introducir alimentos a los 6 meses, de conocer qué le hace bien y qué no, de tener tiempo para preparar algo sano para tu hijo(a), de cocinar algo fresco, que permita que los nutrientes se mantengan y puedan tener el efecto esperado en él o ella.


Justamente aquí tengo más experiencia con mi hija, pues si tienes un hijo con intolerancias alimentarias este acto se vuelve uno de los más conscientes en el día; no solo estás previniendo el dolor, también estás contribuyendo a su desarrollo, ya que un niño con malestar, con un funcionamiento digestivo que está complicado, no tendrá su energía psico-física por ejemplo en jugar, en explorar, pues toda su concentración está en el dolor. Alguien con malestar constante no tiene las ganas ni energías en hacer otras cosas, tampoco su atención está en aprender; ¿Cómo podría hacerlo si todo su cuerpo está experimentando incomodidad?


Aún si algún papá no tiene a su hijo con este cuadro de intolerancias, eso no significa que al introducir alimentos algo no vaya a tener un efecto no deseado en el pequeño, pues recién se están probando estos efectos. Esto mirándolo desde la preocupación de estar observando algo que pueda ocurrir fuera de lo normal; ahora bien, si pongo el foco en el querer, en estar con tu hijo en su primera comida, en darle físicamente y emotivamente su primer alimento, yo me pregunto: ¿Cómo lo harás si a los 6 meses ya terminó el post-natal?, ¿iniciarás un fin de semana me imagino o delegarás esto en alguien de confianza para que te envíe una foto por WhatsApp? Me imagino que son alternativas...

¿Serán éstas las alternativas que generan un mayor y mejor impacto en este Ser que está aprendiendo y para quién es todo nuevo?


¡Y lo nutricional no lo es todo para un buen desarrollo! El Amor, la Alimentación del Alma también es vital. El afecto que le entregamos, la atención, los masajes en sus pies, los besos, los abrazos, y cualquier tipo de caricia es una fuente de estimulación, que le permite desarrollar sus sentidos y sentirse más seguro, entre otros beneficios que hacen la diferencia entre un bebé que se alimenta nutricionalmente igual, pero que tiene cuidados afectuosos distintos, su desarrollo está comprobado que es completamente disímil.


Lo mismo pasa con el caminar, el hablar, y otros logros... A los 6 meses aún no está preparado para dar sus primeros pasos; ¿Por qué delegarías esa tarea y que otro la acompañe? No tengo nada en contra de las nanas, de las tías del jardín, de las auxiliares de párvulos, etc... al contrario creo que ellas tienen un corazón inmenso para cuidar y estar presentes con criaturas que no son sus hijos. Sin embargo cuando tú entregas un niño (a) tan pequeño al cuidado de otro, lo que estás haciendo es que ese otro inserte sus creencias, valores, modismos al hablar, ejemplos al caminar, ideologías tan tempranamente, que no necesariamente van acordes a la evolución del niño, sino más bien van acorde al estándar del lugar o a los pensamientos de quien cuida al pequeño. Por ejemplo, a mi casa venía una señora a ayudarme con el aseo, y a los 4 meses de mi hija me decía: ¡Póngala de pie para que sea inteligente y aprenda a caminar!, ¡a los niños les encanta caminar!; por supuesto que le expliqué que aún no era el “ideal” porque su espalda, su cuerpo, necesitaba desarrollarse más, sin embargo, aún explicándole y comentándole mis preferencias, en un minuto cuando quise ir al baño le pedí que la cuidara unos minutos, al volver, ella la tomaba de las dos manos y la motivaba a dar pasos, luego la elevaba hacia el aire y la soltaba para “hacerle” gracia. Por supuesto que no lo hacía de “mala persona”, era amorosa con ella, y yo tampoco reaccioné mal, sino más bien le comenté nuevamente el por qué prefería que no hiciera esos movimientos con ella, que a todo esto a Macarena le encantaban.


En ese minuto comprendí que no se trata de si alguien cuida “bien o mal” a tu hijo, puede que muchas personas lo cuiden “bien”, pero ese “bien” es muy subjetivo, es de acuerdo a las creencias de la persona que lo cuide; y me percaté de que cuando yo no estuviese presente, mi forma, mi ideal ya no existiría, pues no podemos controlar todo el tiempo lo que hace otro, en algún minuto tienes que soltar, o sino ¿Cómo podrás estar en otro espacio, trabajando tranquila?

Ella me decía, puede poner cámaras y verá que la cuido bien... ¿Están dispuestos a estar observando las cámaras todo el día?, ¿cuál sería la idea de estar observando desde otro lugar si puedes estar presente en tu hogar?, ¿y si justo entraste a una reunión importante y no viste aquello que no querías que pasara con tu hijo? No quiero sonar alarmista con esto, al contrario, ni siquiera estoy hablando de cosas “graves” o “violentas”, pero sí profundas, sí de importancia. Hablo de: ¿Por qué dejar que el primer año de vida lo cuide otra persona que no seas tú como Madre o tú como Padre? Donde tu hijo(a) es totalmente indefenso, no habla, no camina aún, no come solo, por consiguiente no lograrás comprender rápidamente si algo le pasó o no, pues aunque quiera transmitirlo, aún ese lenguaje no es conocido por nosotros.


3. Sociedad más Verdadera:


  • Licencias


¿Por qué necesito ir a un psiquiatra para que avale que no puedo volver a trabajar? No tengo nada en contra de los psiquiatras, sino más bien me pregunto ¿Qué es lo normal?, ¿que quiera estar con mi hijo(a) de 6 meses, un ser pequeño e indefenso, con el cual estoy acostumbrada(o) a estar día y noche, o que quiera volver a trabajar normalmente?, ¿qué es lo realmente sano y natural?

Cuando hablaba con un pediatra sobre volver a trabajar con este cuadro de mi hija con intolerancias, él me dijo: tendrás que ir a un psiquiatra porque está complicado esto de las licencias, dado que hay muchas personas que se aprovechan, antes eran por reflujo, hoy son por intolerancias. Y yo me pregunto: ¿No hay una licencia que diga: ¡Quiero estar más tiempo con mi hijo(a)! porque estoy cuidando su crecimiento y a la vez, a la sociedad, esto le saldrá más barato? Porque finalmente el cuestionamiento es a demostrar que no estás tan “equilibrado” para volver pero; ¿No es más equilibrado querer quedarse y estar presente el primer año “esencial” de vida, que volver a tu día a día?


¿Qué es lo lógico?, ¿quién miente a quién? Nos mentimos a nosotros mismos de lo que queremos y lo que es importante, luego buscamos formas de mentir a la sociedad, sin querer engañarla, pero para justificarnos, y el sistema en este caso trata de “descubrir” quién miente o no, y quién quiere sacar provecho.


¿Qué es más provechoso para la sociedad?; ¿un ser humano que es bien cuidado, alimentado, protegido, por consiguiente más sano en su primer año de vida y por ende para sus años posteriores? o ¿un ser humano que al tener más enfermedades en su primer año, dado que el ir a sala cuna provoca un aumento de contagios, y por ende el niño(a) se enferma más y la mamá o papá terminan pidiendo más permisos para asistir a médicos y/o para cuidarlos?


Incluso para aquellas madres que quieren volver antes al trabajo, no las juzgo para nada, al contrario tendrán sus razones y miradas, creo que es más justo también, pues podrían optar por dar ese cuidado al padre si es que él quisiese.


El punto es ser honestas con nuestra Maternidad y con la Paternidad, reconocer lo que creemos mejor para nuestros hijos pero desde la opción y no desde la obligación, por lo menos el primer año de vida, donde ocurren tantas cosas importantes en el desarrollo de un niño, donde se produce un crecimiento inigualable, tanto físico como cerebral, psicológico, etc...


Tengo una amiga que solo quería volver a trabajar porque reconoció que la maternidad la había superado y le dio parte de su postnatal a su marido. Ídolo porque él fue capaz de hacerse cargo al 100%, sin embargo; ¿Cuál fue el problema? Cuando él manifestó verbalmente en su trabajo que quería tomar su postnatal, a la semana lo despidieron, aún cuando “supuestamente” el cuidado del padre está permitido actualmente.

Al parecer socialmente aún no estamos preparados para aceptar “la verdad” de que los padres quieran cuidar a sus hijos sin cuestionarlos y/o “castigarlos” por ello. Hoy en día, él se sigue haciendo cargo magníficamente de su hijo, dejando de lado la opción de trabajar, para dar paso a que su mujer tome ese rol que más le acomoda.


Justamente por lo anterior, creo que una forma de “igualar” ese peso social, costo o cuestionamiento podría ser que se encarezca el plan de salud del hombre de la misma forma en que el plan de salud de una mujer es más caro. Espero los hombres no me odien con el comentario pero; ¿Por qué si en la creación de un ser humano participan dos, el costo de salud es cargado solo a uno? Justamente desde este cobro estamos “sometiendo” a diferencias para la contratación, es más cara la mujer en varios sentidos, no obstante, si fuésemos más equilibrados en ese costo, quizás seríamos “tratados” de manera más igualitaria.


A su vez, quizás los hombres deberían tener de forma obligatoria al menos 3 meses de post natal y fuero paternal por ese año, de manera que puedan acompañar a la madre en sus primeros meses, más aún cuando el post parto es un período de adaptación para ambos, no solo es un tema de sueño, alimentación o costumbres básicas, hay un período bien intenso emocionalmente hablando, que requiere de mucho sostén familiar. La mujer se siente diferente, está conociendo a este nuevo ser, que a pesar del amor infinito que pueda tenerle, también demanda todo su tiempo y hace que su cansancio sea inmenso. El hombre por su lado, tampoco se siente comprendido en este triángulo, ya que si bien trata de seguir igual, “nada es igual”. He visto en muchas parejas que las crisis comienzan aquí, justamente porque las diferencias afloran como burbujas de gas, de forma inmediata. Hay cansancio, pocas horas de sueño, y tiempo de pareja es sinónimo de recuerdo. Puede que en este punto me consideren ya “patuda”, pero mientras más lo pienso creo que “socialmente”, “estratégicamente”, “productivamente”, en muchos sentidos sería lo más responsable de considerar y la mejor inversión del país, pues:


Padres contentos = Hijos contentos,

Hijos contentos = Padres contentos,

Padres contentos = Padres contentos en el trabajo,

Padres contentos en el trabajo = Trabajo más efectivo,

Trabajo más efectivo = Más productividad para la empresa,

Más productividad para la empresa = Más utilidad para la empresa,

Más utilidad para la empresa = Mejores indicadores a nivel país.

Y así sucesivamente...


¡Ah! Y no quiero olvidar por supuesto aquí la diferencia que se reduciría entre la contratación de un hombre y una mujer, pues lamentablemente, hoy muchos gerentes no contratan a mujeres porque saben que si quedan embarazadas tendrán que cubrir con algún reemplazo su puesto (no hablo de dinero solamente sino que de tiempo de aprendizaje), además mantener el fuero maternal que es aquí donde algunas jefaturas reclaman por pagarle a una persona que trabaja menor tiempo y tienen que asegurarle su puesto de trabajo por más tiempo, por consiguiente son más “caras”, y contratan a un hombre en vez de una mujer por la posibilidad de que ésta quede embarazada. Si el hombre tuviese ese mismo fuero “Paternal” esa diferencia de contratar a una mujer o un hombre se vería reducida, pues finalmente no habría desigualdad entre contratar a uno u otro.


Hoy, aunque existe la opción de que el padre se tome un período, como sociedad aún no estamos preparados para aceptar esta decisión por parte de ellos, si esto fuese realmente aceptado, a mi amigo no lo hubiesen despedido por optar a este derecho y muchos otros padres que conozco se hubiesen atrevido a hacerlo, pero no lo hicieron dado que no se sintieron seguros con la estabilidad laboral al regresar de su postnatal.


Y aunque me puedan decir que esto es cada vez menos, en este último año he escuchado esta situación en variadas ocasiones, donde hombres (algunas mujeres sin hijos también) se quejaban de aquellas mujeres a las cuales contrataron y se embarazaron en el último período. Lo encontré terrible, con la simpleza y desvalorización que miramos a los otros, y peor aún, cómo decidimos sobre la vida de otros.


  • ¿Funcional?


Por supuesto que volver a trabajar a los 3, 6 meses o lo antes posible es funcional para la familia, pues se vuelven a las dinámicas antiguas lo antes posible, y como decía anteriormente delegas tu rol como padre en ciertos horarios. Tengo muy claro que aquellos que lo hacen no son “malos padres”, más bien creo que muchos no se cuestionan porque creen que es mejor y siguen con lo que se “debe hacer”, o bien se sienten obligados a hacerlo porque hay que “volver” ya sea por un tema de sueldo o muchas veces por carrera profesional, pues se vería “feo” o no es lo “correcto” el que te quedes más tiempo en casa si estudiaste para “algo”.

Muy de cerca alguien me dijo: ¡Tienes que volver si has estudiado tanto, no congeles tu cerebro en la casa! Entiendo que esa persona me lo dijo porque “valora” mis estudios y aporte profesional, supongo, y me aprecia desde ese “rol”, sin embargo me pregunto; ¿Cuánto estamos valorando el rol de la crianza?, ¿vemos realmente que quizás no es “tan funcional” de cierta forma, pero que es una gran decisión de “inversión” con una “rentabilidad” mayor que cualquier negocio? Pues criar a un ser humano en sus primeros años de vida, puede definir el rumbo de este mundo. ¿Lo ven? Un ser humano criado con valores de empatía, respeto, amor por el prójimo, por nombrar algunos; ¿Acaso no puede ser el día de mañana nuestro Presidente o Líder espiritual? No sabemos cuánto es el potencial real que tienen nuestros hijos, pero sí sabemos que puede ser mucho más de lo que pensamos, y justamente varias variables de su desarrollo se definen en su época temprana. ¿Por qué no invertimos más tiempo entonces en ese gran potencial que tenemos junto a nosotros?, ¿por qué pensamos que nuestras horas dedicadas a lo externo nos darán mayor retorno?, ¿por qué pensamos que si le dedicamos más tiempo a ese trabajo le aseguraremos el éxito a nuestros hijos?, ¿qué les asegura el éxito realmente?, ¿qué hará de ellos seres más conscientes, responsables, con capacidad de autogestión, iniciativa, creatividad, etc.?, ¿desde dónde se para un niño que se ha desapegado tan temprano de su madre o padre?

Algunos papás dicen: no les pasa nada, sobreviven perfecto, es más lloran bastante los primeros días y luego se acostumbran, así es la vida... Y es verdad, “sobreviven”, ¿Y qué queremos enseñar?, ¿queremos que aprendan a Sobrevivir o a Vivir desde un lugar más amoroso y cercano?




4. Mujer ¿Qué nos pasa en el post natal?:


Muchas mujeres vivimos este período felices por la nueva vida que llegó a nuestros brazos, nos embelesamos con esa mirada tan profunda y nos embriagamos con el olor que solo ellos tienen. A su vez, comenzamos un proceso de postergación de nuestra identidad y nos fusionamos con nuestros hijos, nos bañamos tarde, nos arreglamos a veces, estamos presentes en todo momento en los avances y en el sueño; junto con esta atención profunda aparece un cansancio físico y psicológico, pues si bien estamos felices, hay un sentimiento de colapso que no todas sabemos sobrellevar, hay un cansancio por las horas de sueño poco sistemáticas, un “Deber Ser” auto-cuestionado constantemente ¿Me alcanzo a duchar o almuerzo primero?, ¿y si llega mi marido alcanzaré a estar despierta? El área de pareja y de la sexualidad pasa a segundo plano, algunas lo llevan bien y logran pedir paciencia y sostener el espacio para su maternidad sin explicaciones, mientras que otras aceptamos la culpa de no estar siendo “suficiente” en todos los ámbitos, y en ese proceso, en el que las emociones van más rápido que los pensamientos, tenemos que volver a incorporarnos y decir: ¡Estoy lista! ¡Ya sé con quién dejar a mi bebé! E ir como si nada, o con todo a cuesta, a trabajar nuevamente.


¿Cómo esa mujer podrá tener la atención y el foco en su trabajo al 100%? ¿Realmente alguien sabe cómo nos sentimos de contrariadas entre dejar a este ser que ha inundado nuestras vidas, buscar a alguien de confianza (bendecidas a quienes lo tienen, como una madre, suegra, hermana o familiar confiable) que cuide a tu hijo, volver al trabajo con una sensación extraña de que no eres la misma, llevar el saca leche para darle el mayor tiempo posible leche materna y buscar el “momento” para hacerlo, cruzar los dedos para que no se enferme si lo dejaste en sala cuna y tratar de rendir lo mismo en un tiempo menor al “habitual”, dado que el horario es menor que antes (por ende lo agradeces) pero sabes que no lograrás hacer el mismo trabajo que hacías antes de embarazarte en este tiempo?

Creo que solo otra mujer me podría decir: ¡Sí! ¡Sé efectivamente lo que se siente!


Yo respeto muchísimo el rol del padre en este sentido, creo que ellos pueden cumplir un rol tan intenso y amoroso como nosotras las mujeres. La única razón por la que hago este espacio más detallado de nosotras, es simplemente porque además, en nosotras, hay un tema físico, biológico, hormonal y emocional que se da más allá de si queremos o no. Nuestro cuerpo responde de manera sabia más allá del intelecto a este proceso. De hecho una psicóloga me dijo a su manera, que mientras amamantábamos teníamos el cerebro de leche, lo cuál me pareció tan chistoso y tan gráfico a la vez, pues sabemos que nos cuesta hilar las ideas, se nos olvidan cosas, pero nuestro estado de alerta está al 100%. Me imagino que funcionamos como un celular en modo de baja batería, en el cual para ahorrar cerramos otras aplicaciones y dejamos las más utilizadas listas para funcionar. Mientras escribo me río e imagino el Low Battery, comprendiendo que aunque esté en rojo estoy dispuesta de todas formas a correr si mi hija lo necesita.


Comprender esto, creo que es vital también para nuestra Nociedad, comprender que no se trata de “poder” llevar algo a cabo o no, de si somos más inteligentes o si somos capaces de volver a trabajar. Más bien veo que, si comprendiéramos que con el embarazo y con el nacimiento nos pasan cosas distintas, y aceptamos que esa diferencia no es mejor ni peor, sino que es parte de la naturaleza que nos pone en otro modo, porque sabiamente en ese período tenemos que tener otras “habilidades” a disposición de nuestro “cachorro”, entonces quizás dejaríamos de esperar estar al mismo nivel que antes, no nos compararíamos con quienes éramos o con otra persona que está en nuestro mismo perfil profesional pero no está en el período de adaptación de ser madre, no nos exigiríamos algo que no es exigible en esa etapa, por ende, quizás aceptaríamos que es una etapa especial en nuestras vidas, maravillosa, agotadora, con luces y sombras; así como también nuestros círculos entenderían que parte de ese proceso es Ser y Estar de forma diferente a lo que eras antes de sostener a un nuevo ser.


Nos falta ser más solidarios con la primera etapa de ser madre, más conscientes de que no solo depende de las mujeres la maternidad, sino que también de los hombres el nivel de contención, como también de la familia el nivel apoyo, en los amigos encontrar la escucha, la solidaridad de todos nosotros en general, para que este período se desarrolle de la forma más armoniosa, consciente, amorosa y enriquecedora posible, después de todo, ese ser humano será parte de nuestra sociedad.


Es tan diferente decir: ¡Quiero volver Trabajar! a ¡Tengo que volverá Trabajar! Hay un abanico de emociones que son completamente distintas.

Lo peor de todo es que parece que para “ser normal” debes querer volver a trabajar a tiempo sin ningún síntoma de pena sostenida o desequilibrio emocional, porque eso “no es algo sano”. Me doy cuenta no solo por lo que me dicen, sino que yo misma en este proceso me he visto aconsejada por otros diciéndome: “Anda al psiquiatra para que vean que estás mal con esta enfermedad de tu hija y que tienes depresión por ello”. “Anda para que te den algún remedio y andes con más ánimo, así también tienes como comprobar que no estás bien”, y así... Una serie de consejos para que vaya al psiquiatra, y quizás después de terminar esta carta pida una hora, pero quiero pedirla desde sentir “necesito que otro me comprenda y estoy cansada” y no desde “busco una licencia por favor, certifique que estoy con depresión y no puedo volver” porque para mí es inconsecuente, no puedo aceptar aún que estar cansada, agotada, y que esté triste o con varias emociones en esta etapa sea “anormal”, menos me gustaría aceptar remedios para adormecer este estado, pues es gracias a este estado que estoy más consciente que nunca de lo que le ocurre a mi hija, y por consiguiente de las variaciones en su piel, estado de ánimo, y salud en general.


Me cuesta aceptar que como mujeres tengamos que estar “depresivas” para justificar que queremos estar más tiempo con nuestros hijos que son tan pequeños o indefensos, realmente;


¿Qué es más loco, sentir pena o sentimientos de angustia por dejar a nuestros pequeños o sentir el relajo absoluto de dejarlos y que no nos ocurra nada?


No es que una mujer no pueda trabajar y ser mamá al mismo tiempo, no tengo duda de que lo pueda hacer, más bien me pregunto ¿Por qué tenemos que “sobrecargarnos” innecesariamente? Digo innecesariamente porque cada hito en la vida, cada proceso tiene su tiempo, y al parecer a veces queremos hacer todo al mismo momento. Por supuesto que una mujer puede trabajar a los 6 meses sin problemas, hay muchas amigas que quieren volver lo antes posible, como comenté anteriormente, el punto es la “obligación” de volver cuando las mujeres aún no están preparadas y/o no tienen el apoyo confiable y contenedor para el cuidado de su bebé; nos pasan un millón de cosas hormonales, emocionales, psicológicas en ese período de puerperio, entonces no es sólo un tema de “poder hacer” es un tema también de ¿Cómo me siento para hacer esto? y ¿Qué quiero hacer en este período?

Si la sociedad en la que vivimos visualizara la maternidad como una de las labores más importantes y trascendentes, en la cual invertimos tiempo, espacio, creación, educación, cuerpo y emoción para acompañar un ser humano y reconociéramos que esta responsabilidad no debiese ser delegada en otros, siento que sería tan distinto, seríamos hasta premiadas por el altruismo y la capacidad de llevar a cabo tamaño desafío.

¿Lo verán algunos?




5. Traer un hijo al mundo, ¿Cuál es el Sentido?...


¿Para qué traemos un hijo al Mundo? No sé si todos tenemos clara esta pregunta, ni tampoco sé si responderemos parecido. Algunos por llenar un espacio, otros por educar a un ser humano, para sentir lo que es ser padres, otros por amor, otros sin saber, otros por todas las anteriores o bien por nuevas respuestas... Lo que sí sé es que cuando llega es un ser indefenso que requiere de cuidados, atención y responsabilidad plena, quieras o no, no puedes dejarlo a la deriva, y si lo haces, su vida está en juego “literalmente”.


Conozco muchos papás que con todo el amor del mundo reciben a sus hijos, a los dos meses están en búsqueda de la nana que los cuidará, al año están en búsqueda del colegio en el cual los matricularán y así van cumpliendo los “pasos” más efectivos para tener un niño en la sociedad “de forma responsable”. Lo entiendo, pues al parecer la vida y el ritmo de ésta muestra que ese es el camino pero; ¿Lo es realmente?, ¿cuál sería el minuto en el que como papás nos damos el tiempo exclusivo para reconocer a ese nuevo ser y estar presentes con nuestros hijos? Por supuesto que tienes toda la vida para hacerlo, sin embargo ¿Cuándo es crucial?, ¿cuándo sólo tú fomentas y contribuyes 100% a ese Ser?


Cuando un bebé es pequeño reconoce las voces de sus padres o de quienes han estado en su gestación, y por lo menos hasta que no tienen un año no saben caminar, hablar, comer solos, es decir, necesitan a alguien para que los ayude a realizar estos avances. Insisto nuevamente, ¿Por qué querrías delegar esa responsabilidad en otro?


Cuando estás en el trabajo y tienes una “tarea muy importante” generalmente decides hacerla tú mismo, ¿Acaso criar a tu hijo(a) no es una tarea importantísima en ese período? Alguien podría decirme que darle la comida, ayudarlo a pararse, enseñarle a hablar lo puede hacer otro, y por supuesto que es así, si el punto es ¿Por qué tiene que hacerlo otro?, ¿por qué si traemos un hijo al mundo no nos hacemos cargo de que ese es nuestro principal rol, cuidarlos, estimularlos, observarlos y criarlos más que nunca en el primer año que es fundamental para ellos?


No se trata de que quiera que nuestros hijos estén sólo con los papás, sino más bien es: ¿Con quién pasan más tiempo? No olvidemos que dependiendo del tiempo de con quien estén, es cómo también ellos se formarán. Ya después intervienen otros actores, los compañeros de colegio, profesores, familiares, nuevos amigos, etc. Sin embargo con quienes asientan sus primeras emociones, creencias, configuraciones cognitivas, es con sus padres.



El otro día paseaba con mi pequeña y me encontré en el parque con una señora que trabajaba como nana de una familia y cuidaba a un bebé de un año, el pequeño sonreía y le pedía llevarlo en brazos, ella le decía: ¡No! ¡Tú sabes que eso no se hace! ¡Ya eres un niño grande! ¡No brazos!. La señora era amable con él, lo trataba bien, tenía un dominio increíble de él, era firme y él comprendía perfecto. Como yo me encontraba al lado le pregunté como se llevaba con el bebé, y ella me decía: “¡Muy bien! Me hace caso en todo, yo no lo dejo que se porte mal, que llore, que sea mal criado, tampoco que ande en brazos, yo lo obligo a comerse toda la comida sino no hay salida, menos que haga pataletas porque después se mal acostumbran y nadie los controla”. Mientras yo observaba y escuchaba lo que ella me comentaba, no podía evitar preguntarme: ¿Y este pequeño de quién aprenderá la mayor parte del tiempo?, ¿qué aprenderá como “bueno” o “malo”?, ¿qué espacio de exploración le podrá entregar a ese niño en ese tiempo?, ¿O la Mayoría serán espacios de órdenes?. Si ya le inculcas que llorar es malo, ¿Qué aprenderá de la tristeza?, ¿cómo mostrará sus sentimientos y emociones si éstas ya están siendo modeladas de una manera bastante restrictiva?


Por supuesto no culpo ni pienso mal de la señora que estaba al cuidado de ese pequeño, quién me imagino trata de hacer su trabajo lo más eficiente posible, tener al niño bien bañado, alimentado, y “bien” portado. No obstante, ¿Qué es lo que necesita un niño de un año? Por supuesto que cuando llegue su mamá querrá atención y quizás se porte diferente con la mamá que con la niñera, porque efectivamente después de no ver en todo el día a sus padres, obviamente querrá estar con ellos, y quizás esté más mañoso o bien muy cansado y ya con ganas de dormir, entonces; ¿Qué espacio real de interacción y aprendizaje queda?, ¿cuáles son los comportamientos que el pequeño ve?


Recuerdo una historia que me contó una amiga mientras yo le comentaba mi angustia por dejar a mi hija con alguien, dado los diferentes malestares que ella tiene; yo le decía que no sabía si le pondrían la atención necesaria, más aún cuando en los jardines o sala cuna tienen que prestar atención a varios niños y es lógico que puedan interpretar un llanto de ella como algo “sumamente normal” por lo que esa exclusividad que yo le presto se vería perdida.

Ella me decía: “¡No sabes cuanto te entiendo! El otro día escuchaba la radio y un hombre comparaba los hijos con un auto de lujo, podrán pensar que los niños no tienen comparación y estoy de acuerdo, pero él se refería a la decisión que tomaba el adulto de manera inconsecuente, pues si un adulto se compra un auto de lujo, ¿Lo compra para llevarlo a la casa y decirle a su nana: “Quiero que lo saques a pasear todo el día, úsalo, manéjalo, y si tiene problemas llámame”? Lo más probable es que su auto de lujo lo maneje solo él o bien un chofer ultra experimentado y de mucha confianza, pero jamás lo dejaría con la nana o en un lugar todo el día con otros autos si no saben que le darán exclusividad en el cuidado”. Entonces, ¿Por qué dejarías a tu hijo tan pequeño al cuidado de otro todo el día, si supuestamente es más importante?, ¿por qué él tiene que adaptarse?, ¿no prestamos a veces los bienes materiales más preciados pero sí somos capaces de prestar a nuestros hijos? Esa es la inconsistencia del ser humano. Cuando ella me lo comentó me hizo tanto sentido, no me imagino a varios dejando el auto para que lo ocupe otra persona porque lo puede “chocar” o “rayar”. ¿Cuántos choques y/o rayas permitiremos en nuestros hijos tan pequeños?




6. Presencia, Consciencia y Conexión:


Hasta aquí no había hablado de mi trabajo, primero que todo porque quería escribir mi carta desde el “Rol como mamá”, que es mi primer motor para expresar mis sentimientos en esta ocasión; sin embargo en este punto es donde mi experiencia laboral o pasional, pues amo lo que hago intensamente, me resulta importante sacarla a la luz.


Me dedico al mundo del Coaching, palabra que resuena ya bastante en diversos ámbitos y también que en algunos casos creo está mal utilizada o sub valorada. En mi caso me especialicé en varias áreas que según mi mirada ayudan al ser humano de manera más integral. Así aprendí de Coaching Ontológico, Coaching Transpersonal, Programación Neurolingüística, Yoga, Danza Primal, Gestión del Cambio, entre otras disciplinas. Y solo lo nombro para explicar que estuve conectándome con el ser humano desde lugares más profundos y transformadores, y por consiguiente cuando he atendido a mis Coachees o Clientes dependiendo del contexto, he evidenciado la falta “abrumadora” de sentido en la vida de cada persona. El para qué hacemos lo que hacemos es un espacio en blanco de muchos de los que vienen a verme.


Aquí es donde me cuestiono constantemente cómo ayudar a ese adulto, que a través de su relato y luego de que examinamos su vida, fue un niño que no tuvo la atención necesaria, que no conoció del manejo emocional, que no sabe manejar o expresar sus emociones a través del cuerpo, que desconoce sus límites y/o habilidades, que no sabe pedir lo que quiere, ni menos establecer relaciones sanas con otros, pues si desconoce quién es, ¿Cómo podrá descubrir en otros aquello que no ha sido capaz de mirar en él?


Es aquí donde me encuentro nuevamente con la infancia, con la maravillosa y categórica infancia. Cada una de las personas que he atendido tiene un espacio marcado por su infancia, que si bien no podemos controlar, pues cada Ser tiene una vida particular y desafíos que aprender, sí podemos cuidar e incentivar a ser más conscientes de cómo intervenimos los adultos en ella.


Un hijo requiere de presencia, y a esto me refiero a estar presente conscientemente, no es estar por estar, no es cuestión de más o menos tiempo en promedio, puede hasta parecer incoherente lo que digo, porque justamente estoy pidiendo más tiempo de postnatal, sin embargo, este año lo considero como el tiempo mínimo para estar con un bebé, mientras que al hablar de presencia hablo de atención, de observación, de calidad, de estar con una mirada curiosa ante sus avances, sus cambios, atento a su ritmo, a descubrir a ese otro Ser que ha llegado a tu vida, más allá de la consideración “minutos que dedico al cuidado”.


La poca presencia que tenemos los adultos hoy en día, ha originado en los pequeños niños ciertas conductas que luego las vemos como un problema solo de ellos; los enviamos al psicólogo, psicopedagogo, o algún especialista que los trate, dado que tienen “cierta dificultad” por ejemplo para sostener su atención, algunos hiperactivos que no pueden sostener el espacio y la calma, poca conciencia del manejo corporal, carencia para expresar las emociones y ¡Para qué hablar de la respiración! ¡No sabemos respirar!


Es tan común esto hoy en nuestra sociedad, que cada vez existen más casos de crisis de angustia, pánico, estrés, poca tolerancia a la frustración, déficit atencional, etc.

Alguien me podría decir que todo esto no se genera únicamente el primer año de vida, y estoy completamente de acuerdo, sin embargo me gustaría saber ¿Qué pasaría si la mamá o el papá aprendiera a estar plenamente con su hijo(a) de manera consciente, pausada, sin correr para ir a dejarlo al jardín o sala cuna, atento a los ritmos de su pequeño, observando más, acompañando más, en vez de estar apresurado por su aprendizaje?, ¿qué pasaría si nosotros los adultos fuésemos más conscientes de cómo respiramos, acaso no cambiaríamos nosotros nuestros ritmos y por consiguiente influiríamos en nuestros hijos?


Ejemplo, Ejemplo, Ejemplo...


Los niños repiten lo que ven, no solo en palabras, sino que también en corporalidad.

He visto a padres gritarles a niños y decirles: “¡No grites! ¡Habla!” O a padres decirles: “El celular no es para ti” mientras chatean obnubilados en su smartphone. A padres no respetar la fila de un recinto y después hablar de respeto, y así suma y sigue...


¿Cómo quieres que tu hijo no grite si te escucha gritar?, ¿cómo quieres que tu hijo no quiera tomar el celular si tu atención es robada por ese elemento? Por supuesto que querrá también tomar eso que tú tienes y te llama tanto la atención. Yo misma me he visto con mi pequeña de 6 meses que quiere mi computador cuando me encuentro trabajando (o intento hacerlo un poco en ciertas horas del día) y he visto que le llama la atención lo que yo tengo, no es que sea el computador en sí, sino más bien es aquello que tiene mi atención. En ese sentido no se trata de que no pueda hablar fuerte, tomar el celular o escribir por el computador, sino más bien de si somos conscientes de que ellos repiten nuestros comportamientos y por consiguiente si lo somos, podemos cambiarlos, el punto es: ¿Podemos exigir ese nivel de conciencia a quienes los cuidan? Podemos pedirlo ciertamente, pero no podemos controlar que así sea, porque simplemente no podemos controlar todo el tiempo a otro. Nos volveríamos locos controlando a la nana, abuela, familiar, tía del jardín, tía de la sala cuna, y así. Solo podemos controlar nuestros propios actos, y la consciencia de ello puede ser nuestro recurso más preciado, pues si el cuidado lo hacemos nosotros conscientemente, entonces nuestro hijo(a) será criado con mayor atención, con más seguridades y afecto. Todo lo anterior considerando que hablo solo de escenarios “positivos” para el niño, pues ni siquiera me quiero referir a aquellos casos (que lamentablemente son muchos) de violencia por un tercero que no midió sus fuerzas o se aprovechó de este ser indefenso. Si me meto en ese espacio por supuesto que encontraré más justificaciones del por qué cuidarlos con mayor razón como mínimo el primer año, pues es el período en que ni siquiera pueden decirnos si les pasó o no algo, y el costo de ese silencio es muy alto para correrlo.


En otra ocasión me encontré con una señora (no sé si era un familiar o alguien que estaba al cuidado) que le entregaba su celular a un niño de alrededor 2 años como premio para que viera videos, lo que en términos de desarrollo para el pequeño no está sugerido por ningún motivo, sin embargo, ¿Qué puedes hacer?, ¿enviar a un curso a esa persona para cambiar sus creencias acerca del cuidado? Ella con todo el amor del mundo puede estar sintiendo que el niño efectivamente requiere eso y obvio no podemos corregirlo porque no estamos todo el tiempo para hacerlo.



En el trabajo, el reflejo de un posible niño...


Me encontraba hace algunos meses en una reunión con un grupo de gerentes y conversábamos en la forma de motivar a sus equipos, en cómo lograr que ellos realicen su trabajo de manera autónoma, que ellos como líderes son un modelo a seguir para su gente, entre otras cosas... Mientras hablaba tres de ellos estaban observando su celular atentamente, prácticamente fuera de la reunión, ante esto, yo detuve mi atención y se dio una conversación más o menos así:


  • Yo: ¿Qué pasaría si alguno de ustedes me habla algo importante según su juicio y yo estoy pendiente de mi celular?

  • Gerente X: Lo que pasa es que es “urgente” lo que estoy viendo, tengo que responderlo de inmediato.

  • Yo (ante esa respuesta quise preguntar nuevamente, y le cuestioné): ¿Cuántas cosas de tú día son urgentes?

  • Gerente X: ¡Muchísimas! Las personas no resuelven sin mí. Tengo que estar pendiente de que se haga todo. No puedo estar pendiente solo de esta reunión, tengo que estar atento de lo importante que está sucediendo afuera.

  • Yo: Me pregunto entonces si estamos aquí reunidos justamente para ayudarte a que puedas delegar más en tu equipo, y no estás poniendo atención, ¿Cómo lo lograrás?

  • Gerente X: Es que aunque yo lo intente la gente no entenderá, así que no saco nada con aprender si ellos necesitan que yo esté presente y los dirija.

  • Otro Gerente aprovechó y dijo: perdón, a mí si me importa esto, y te estoy escuchando (mirando hacia el teléfono), solo estaba respondiendo un correo mientras...


Pongo este ejemplo porque me ha pasado muchas veces conocer adultos que no son conscientes de sus palabras, de su escucha, de su corporalidad, del poder que tienen y también del poder que no reconocen en sus formas de actuar. Y no puedo evitar pensar en la imagen de estas personas, pero ahora hablando con su hijo(a), ¿Cuántas veces les respondemos a ellos que esperen un poco porque estamos viendo algo “urgente”?, ¿cuántas veces les mostramos que nada se resuelve sin nosotros?, ¿qué le estamos enseñando de presencia?, ¿qué le estamos enseñando de administración del tiempo?


Ahora bien, estos mismos adultos, ¿Cómo habrán sido cuando niños?, ¿alguien les habrá mostrado acerca de la presencia?, ¿alguien les habrá enseñado sobre la atención, sobre la escucha… sobre la importancia de la comunicación con otros?, ¿alguien les habrá mostrado la importancia de estar con el cuerpo y mente en el presente? Lo más probable es que aprendieron a moverse así y crecieron viendo estos comportamientos como sinónimos de buenos resultados, por consiguiente seguirán ese modelo que ya está “probado” como algo correcto.


Si tenemos poca conciencia de lo que sentimos y/o hacemos como adultos, ¿Cómo se lo explicaremos a nuestros hijos cuando nos pregunten por esa incoherencia? Ellos no dirían: ¡Papá estás siendo incoherente con lo que me pides!, no con esas palabras, pero sí dirían: ¿Por qué tengo que guardar el celular si tú lo tienes todo el tiempo en tus manos? ¿Qué les responderíamos? Les diríamos: ¡Porque Soy tu Padre y punto! desde nuestro rol como autoridad, ¿Qué generaremos cuando ellos tengan un rol parecido con autoridad y poder? Por ejemplo en una Jefatura: ¡Yo soy tu Jefe y punto! O cómo Líderes de algún grupo en el colegio, ¿Cuál es el espacio para el “darse cuenta”, la conversación, acuerdo y co-construcción? Justamente de manera inconsciente enseñamos lo contrario.


¿Será que podemos cuidar por lo menos con Conciencia, Presencia y Ejemplo el primer año?




Conexión


¿Cuándo comenzamos a generar vínculos poderosos con Nuestros Hijos?

¿Quién realmente contempla conscientemente a este Nuevo Ser que ha llegado al mundo?

¿Quién lee sus gestos, mirada, quejas cuando aún no hay palabras?

¿Cómo puedes saber que un llanto es de sueño y no de hambre?

¿Cómo puedes hacer la diferencia entre dolor e incomodidad?

¿Cómo sabes que esa comida no le gustó y no era el dolor de sus primeros dientes el que no lo dejó comer?


Solo si estás atento(a), consciente, presente y conectado con ese momento te darás cuenta de todo esto y más. Como padres podemos hacerlo, y entiendo que algunos sientan que no tienen el tiempo, pues justamente tienen que estar en varios frentes a la vez, es el ritmo actual de la vida, pero ¿Queremos perdernos estos momentos?, ¿queremos que otro nos cuente que le gusta más la zanahoria que el zapallo? o ¿que nos llamen para decir que dijo “mamá” por primera vez y lamentablemente fue a otra persona?


Todo esto que digo lo hablo mirando y cuidando a los niños, pero cuando ya ves a los adultos y miras hacia atrás sus vidas, te das cuenta también de que nunca ellos aprendieron a conectarse consigo mismos, porque no lo vivieron, porque no percibieron la real importancia de estar presentes y conscientes con su propio corazón, con sus gustos, con sus habilidades, con su SER.

De verdad que entiendo a quienes no pueden estar en su casa tomando este rol activo, por eso escribo este pedido, pues considero que hay muchas mamás y muchos papás que les encantaría estar más presentes en la vida de sus hijos, por lo menos el primer año, y que por temas laborales, de remuneración, tiempo y espacio no han podido decidir a favor de sus hijos. Los entiendo, los he visto, y por ellos también escribo.




7. Éxito:


¡Sinceramente estoy en shock! Estaba amamantando el otro día y una amiga me preguntó ¿Cuántos meses tiene Macarena?, a lo cual yo le dije ya tiene 6, pensando en que hablaríamos de qué rápido crecen, o le salieron los dientes, o cómo vas a introducir la comida dada sus intolerancias alimentarias, etc. Sin embargo la pregunta fue: “¿Y has pensado a que colegio la postularás ahora que te quedan sólo 6 meses?” ¡Plop!


¿De verdad tengo que postularla al año? Fue mi pregunta con cara de sorpresa. “¡Por supuesto! si quieres que vaya a un buen colegio, todas las postulaciones se hacen al año porque después no tienes cupo, y tendrás que dejarla en cualquier colegio” me comentó ella.

Sinceramente no logro creer que cuando tu hijo(a) aún no sabe ni siquiera caminar o esté justamente en ese proceso, ya tengas que comenzar a definir un colegio “para toda su enseñanza” de manera de asegurarle un “cupo” que no la deje fuera del sistema.


Por supuesto que entiendo que esto ocurre en los colegios privados o en los de “buena reputación”, y por lo mismo lo encuentro peor aún, porque entonces nuevamente se genera esta selección desde que son tan pequeños y aún más cuando recién estás conociendo a este Ser tan indefenso.

Esto me lleva justamente a plantear lo siguiente:


¿Qué es el éxito? El éxito para mí es sentirte pleno con lo que haces y eres, sea cual sea “eso” que haces. Es lograr cumplir tus sueños, es sentir que estás vivo cada día...


En general me doy cuenta de que para muchos esto que yo defino como éxito, está lejos de ser su definición. Socialmente he visto que las personas hablan de éxito cuando van a una buena universidad, tienen buenos contactos, consiguen un trabajo bien remunerado y/o un buen puesto que les permite tanto a nivel social como económico surgir y/o establecerse en una buena posición. Para lo anterior buscan colegios “emblemáticos” que aseguren que esta persona quedará en la universidad reconocida, y por consiguiente saliendo de esa universidad “prácticamente” tendrán el éxito asegurado. Lamentablemente eso no es así. Lo sé porque he atendido muchos profesionales jóvenes, con crisis de pánico, angustia, vértigo, que van a mis sesiones de coaching, mientras en paralelo se atienden con un psicólogo o psiquiatra, en el fondo buscan ayuda para poder encontrar por qué están en crisis, por qué no encuentran trabajo o por qué “eso que les prometieron” no está resultando.


Lo primero que comienzo a trabajar con ellos es justamente los “juicios” o pensamientos que tienen sobre sí mismos, y efectivamente su autoestima, el manejo emocional, la capacidad para mirarse a ellos es bien débil.

Primero que todo desconocen lo que realmente les gusta, terminaron su carrera porque había que terminar “algo” para “Ser alguien”, pero hay una crisis vocacional, una crisis de conectarse con lo que realmente deseaban Ser, se produce una incoherencia entre lo que buscan y lo que realmente sienten. Hay una desconexión de sí mismos (justamente uno de los puntos que planteaba antes).

Segundo, aún sabiendo lo que desean, en la universidad les enseñaron conocimientos específicos para resolver problemas teóricos, ciertas cosas prácticas de la especialidad, pero poco, muy poco les enseñaron de la vida, de cómo reconocer sus emociones, de cómo tolerar la frustración, de cómo sentirse “importante” al asistir a una entrevista, de cómo sobrellevar el trabajo cuando estás aprendiendo, de cómo relacionarse con sus pares, y comprender que esas “habilidades blandas” que sinceramente no les encuentro nada de blandas, son las que SÍ te pueden ayudar a marcar la diferencia y son las que te pueden permitir sobrellevar desafíos en la vida personal y laboral.


Hay una especie de ceguera colectiva que cree que con el título ya tienes asegurado un futuro, y ¿Por qué digo colectiva? porque las ofertas siguen apuntando a mayor conocimiento, más rapidez de la enseñanza (mientras antes termines mejor) y luego a cursar algún magíster y/o doctorado, que por supuesto sirve para profundizar el conocimiento, no lo niego, pero sin esas otras habilidades relacionales, muy poco de exitoso puede ser ese futuro prometido. Vivimos en sociedad, no estamos solos, sin la capacidad de relacionarnos con otros empáticamente, efectivamente, sostener el éxito es muy relativo.


Por consiguiente, ¿En qué minuto educamos sobre las emociones?, ¿en qué minuto damos espacio a la escucha efectiva?, ¿cuándo nos damos un espacio para descubrir quiénes Somos? Algunos nunca...


De todos los que leen esta carta, ¿Cuántos podemos decir que estamos realmente conscientes y conectados con lo que somos?, ¿qué es lo que realmente nos apasiona? y ¿cuándo seremos capaces de realizarlo? Ojalá varios respondieran que están muy conscientes de lo que les llena el corazón y se estén dedicando a ello, ¡cruzo los dedos para que así sea!


Justamente en la infancia es el minuto para inculcar estas inteligencias, estas habilidades, dentro de los primeros años, cuando los niños deberían tener más tiempo para jugar y para establecer relaciones saludables con otros, para luego, cuando ya tienen desarrollado un cuerpo consciente en el espacio y conciencia más emocional, adquirir mayores conocimientos técnicos.


¿Qué tiene que ver el éxito y estas habilidades con el Primer año de Vida?

¡Muchísimo! Si aprendemos nuestros primeros pasos, nuestro primer esbozo emocional de una presencia afectiva constante, presente, consciente, como lo detallé en el punto anterior, podremos sentir que “éstas habilidades” están en nuestro ADN, pues las habremos vivido. Cuando los niños son menores de 3 años, requieren de una necesidad afectiva mayor, recordemos que dependen de nosotros, y es ahí donde podemos colaborar con una estructura emocional más sana e integrada. Es en esta primera etapa donde ese Ser Humano necesita intimidad y contención, presencia y paciencia, escucha y comunicación, mayor conexión emocional.




8. Compromiso


Quise dejar este último punto para el final porque aquí no sólo está el pedido transversal a todo el texto, sino que quiero declarar un compromiso de mi parte.


Cuando comencé a escribir esta carta, tenía el objetivo de solicitar un año de postnatal para madres y 3 de postnatal para padres. No obstante mientras escribía comencé a darme cuenta de que si esto se logra, no garantiza necesariamente que ese tiempo lo aprovechemos de la mejor manera con nuestros pequeños, por consiguiente creo que es importante también re-educar, aconsejar, enseñar a quienes vayan a tomarse ese período de conciencia y presencia, es necesario apoyar y contener a los padres en este proceso, pues no es una tarea fácil, no me gustaría que tan bonita instancia (si llega a darse) no tenga el trasfondo de calidad que requieren nuestros hijos.

Por esta razón, si usted, señor Presidente, llega a autorizar y/o comenzar una evaluación para llevar a cabo esta extensión del postnatal, yo me comprometo a desarrollar y /o ayudar a generar un Plan de Acompañamiento Nacional para Padres, de manera que podamos contribuir en el primer año de infancia de muchos niños, y por ende muchos padres, que seguramente aprendiendo a respirar, expresar sus sentimientos, escuchar, observar, no sólo se convertirán en mejores padres, sino que además se convertirán en paralelo en mejores profesionales, en mejores ciudadanos, en mejores seres humanos.


Ahora bien, si por alguna razón esta carta no llega a ningún puerto, mi compromiso también es ayudar a padres a desarrollar una paternidad más consciente, conectada, presente y cada vez más afectuosa, pues siento que es en esta etapa dónde podemos ayudar a Criar/Crear Seres Humanos más integrales.

A través del hijo también se transforma el padre o madre.


¿Acaso no es nuestra responsabilidad generar los primeros años un contexto emocional, afectivo, creativo, donde los niños puedan desenvolverse con seguridad, conociendo que desde el Amor y la Generosidad es posible crear y desenvolverse, a diferencia del “correr”, “competir” y “deber hacer y ser” que le estamos inculcando?

Por supuesto que tengo un Compromiso con mi hija Macarena Alma, de intentar Ser una Madre Consciente, Presente, Conectada y Observadora de sus ritmos, habilidades y sombras, pero sería un error comprometerme solo con ella, pensando sólo en nosotras como individuos separados, primero que todo porque no estamos separados de los demás, de hecho el mismo aire que exhalamos es el aire que otros respiran y viceversa; y segundo, porque quiero ayudar a construir un mundo más amoroso y afectivo para ella, en el cual los Seres Humanos seamos más Humanos y eso sí sería una gran herencia.


Tengo claro que proporcionar el lugar adecuado para nuestros niños no solo reside en el primer año de vida, sé que es un proceso, es una constante que debemos cuidar, ya sea cuando ingresan al jardín, al colegio, cuando se vuelven adolescentes, cuando van a dar la PSU (porque aunque ya no sean niños muchas veces tienen que tomar decisiones que aún no están preparados para tomar), y así, es un continuo andar con ellos. No obstante lo anterior, me permito conectar todo lo que expresé con el primer año de vida, pues creo, siento, y estoy segura, de que si por lo menos nos preocupamos de generar un primer año de vida “consciente” para nosotros y para nuestros hijos, no solo estaremos invirtiendo en un mejor futuro para ellos, sino que además estaremos re-educando a padres para que estén más presentes, les estaremos dando el chance para hacerlo, la pausa necesaria para estar, porque claramente algunos psicólogos, psicopedagogos y colegios les exigen también más presencia con sus hijos, más compañía pero, ¿Cómo hacerlo si ellos ya están metidos en la bola de nieve de la vida actual, en la que solo pueden continuar rodando a menos que alguien los detenga? Para estos padres también es difícil sostener y detenerse para enseñar a sus hijos de tiempos y espacios presentes, si ellos mismos no saben hacerlo.


¿Es Responsabilidad de los Padres crear un espacio seguro para sus hijos? Sí, ciertamente lo es, pero también es deber de TODOS crear una sociedad más justa, equilibrada, respetuosa, inclusiva, amorosa y generosa; para ello tenemos que apoyar el espacio en el que los padres que ya están insertos, en un modelo competitivo, de manera que puedan hacer una pausa en post no solo de sus hijos, sino que de toda una sociedad, pues recordemos que esos hijos serán los futuros adultos, y serán quienes tomarán las próximas decisiones de nuestro planeta.


....


Cuando comencé esta carta les conté sobre las intolerancias de mi pequeña. Hace poco conocí una inmunóloga que me sugirió realizar un examen en Macarena. Este examen confirmaba que efectivamente existía un problema de salud, a diferencia de lo que otros doctores me habían dado a entender como “normal”, ya que en sus deposiciones había sangre.

Sin embargo, después de meses de visitar a tantos médicos que no creyeron en mí, después de meses de llantos y dolor de parte de mi hija y sin pedir otra licencia para sostener este espacio, pues tiene que validarte un médico en primera instancia y sólo así comenzar a realizar exámenes para lograr comprobarle a otros (Isapre - Trabajo) lo que estás viviendo, me pregunté: ¿Qué vas a hacer? En ese momento decidí dedicar tiempo a cuidarla conscientemente y atentamente antes de continuar exponiéndola a nuevas consultas…

Sí reconozco que me sentí muy impotente y con rabia por el trato que algunos tenían hacia mí, pues más de alguno me dijo: “Usted como mamá está exagerando o no tiene evidencia científica para demostrar que los alimentos le hacen mal”. No los culpo la verdad, porque justamente una de las faltas que tienen las profesiones hoy en día, es que te enseñan el conocimiento técnico, específico de la especialidad, pero prácticamente nadie te entrena a tratar con seres humanos y ese es un tema generalizado en las profesiones de hoy, no tenemos la conciencia del otro, ni menos la empatía para abordarlo.

¿Qué pasaría si esto se nos enseñara desde pequeños? No puedo evitar preguntarme una y otra vez tantas cosas, tantas cosas que he aprendido con esto y que seguramente darán inicio a otras escrituras, no obstante creo que por esta vez es suficiente ya con lo planteado...


Por supuesto cuando inicié esta carta no pude escribirla de corrido, justamente porque tenía que parar para atenderla a ella, ya que no se sentía del todo bien... Me tomó dos meses sentarme en las noches (ella ahora ya tiene 8 meses), para escribir lo que pensaba en el día, de manera de estar presente con ella y a su vez, no perderme de todo lo que estaba sintiendo y reflexionando en este período.

Aún así, no tengo nada más que agradecerle a la Maestría de mi Hija y a su iluminadora “enfermedad” pues sin eso no habría escrito, no habría podido conectarme con todo aquello que ya estaba en mi corazón, y que sólo gracias a mi Macarena Alma tuvo un lugar de concreción.



Infinitamente Gracias Hija y Gracias a Usted por leerme.

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​By Alondra Amigo

Coach del Alma